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Persona, política y sociedad

Persona, política y sociedad

Una de las cuestiones que más preocupa a los filósofos de la política y a los cultivadores de las ciencias sociales es, sin lugar a dudas, la fuerza y operatividad de las iniciativas civiles, la vigencia del principio de subsidiariedad. Un principio que poco a poco se ha ido diluyendo a favor de un intervencionismo creciente que agosta cualquier expresión de vitalidad social o, peor todavía, que la anula dentro de la variada y omnipresente oferta de bienes y servicios públicos. En este sentido, las profecías de Tocqueville sobre el llamado “despotismo blando” o sobre el sometimiento de las personas y comunidades solidarias a ese “inmenso poder tutelar”, se han ido cumpliendo casi a la letra, con mayor intensidad, si cabe,en nuestro tiempo.

Un vez que las posiciones individualistas o comunitaristas parece que no alcanzan a fundamentar esa humanización de la realidad, parece necesario colocar en su justo término la responsabilidad de las personas y la centralidad de las comunidades humanas en el vértice del desarrollo de la vida pública.

¿Cuál es en la política, por ejemplo, el protagonismo real de las personas concretas? ¿Somos conscientes los ciudadanos de nuestra condición de miembros activos y responsables de la sociedad y participamos eficazmente en la configuración de los asuntos de interés general? ¿Son las comunidades humanas esos escenarios de libre y solidario desarrollo de la personalidad de sus integrantes?. ¿Es la vida pública un ámbito de despliegue de las libertades sociales y una instancia de garantía para que la vida de las comunidades no sufra interferencias indebidas ni abusivas presiones de poderes ajenos a ellas?

La contestación sincera a estas preguntas nos pone de manifiesto, me parece, la importancia de colocar a la persona concreta en el centro de la vida pública. Pero para que esta relevante operación sea real y auténtica es preciso denunciar que ha pasado ya el momento de apogeo de ese tecnosistema y de esa tecnoestructura que giran única y exclusivamente sobre el Estado, el mercado y los medios de comunicación. Ahora es necesario buscar la manera de que brille el protagonismo de los ciudadanos, su capacidad de participación en el espacio público. Algo de lo que se está apoderando, ante la impasibilidad de ofrecer soluciones reales por parte de los actores políticos tradicioanles, el populismo y la demogagia, dos ideologías que dominan un escenario complejo en el que se pretende manipular y manejar a la sociedad a base de posverdad y de sutiles formas de manipulación. Ojala podamos reaccionar con inteligencia y claridad.

Jaime Rodríguez-Arana

@jrodriguezarana

JRA

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