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La actividad política

La actividad política

El tiempo que vivimos es desde tantas perspectivas un tiempo de incertidumbre, de sorpresas, de zozobras, de cambios y transformaciones acelerados. También en la actividad política, en la que se echan en falta formas más abiertas y respetuosas de enfocar las cuestiones y de resolver los problemas reales de los ciudadanos. Estos días de elecciones lo comprobamos meridianamente.

      El entendimiento brilla por su ausencia. El entendimiento como método supone el derroche de energías necesario para superar el enfrentamiento o la imposición como sistema. La generosidad de ese esfuerzo para convenir con los agentes políticos, los sectores de población, los variados intereses que se entrecruzan en la vida de la sociedad, recibe su fuerza de la estructura constitutiva de la persona: de su carácter racional, de su condición afectiva, de su naturaleza social en definitiva. En el fondo, se trata de combatir la tentación de los hábitos autoritarios todavía tan presentes en el escenario de la resolución de problemas, sea en el mundo privado o público.

Tambien la solidaridad brilla por su ausencia. Precisamos una una actitud solidaria que se deriva de poner al hombre, a las personas, a la gente, en el centro de interés de toda acción política o social, y que conducirá necesariamente a buscar las soluciones y a orientar las actuaciones en los ámbitos de la cooperación, de la convivencia y de la confluencia de intereses. La dignidad humana es la clave y la fuerza que da sentido a esta apremiante necesidad de “democratizar” la democracia o de “liberar” la libertad.

Además, es menester practicar una mentalidad abierta a la realidad que se muestre plural, dinámica, multifacética, compleja, y que traiga consigo la desconfianza hacia las fórmulas simplistas o simplificadoras, demagógicas,  y el rechazo de las preconcepciones de la organización social tan claras y tan sabidas que, en su esfuerzo por conformarla a su manera, acaban por liquidarla.

Pues bien, estas coordenadas definen el marco de una acción política que se podría  denominar centrista, hoy tan necesaria en nuestro país,  y que no hace referencia a una posición táctica o estratégica, ni siquiera a un posicionamiento en el espectro ideológico o en el arco político, sino que quiere significar un modo de entender la política centrado en la persona, en el respecto a su condición plural, dinámica y multidimensional, y en la búsqueda de acciones cooperantes y de integración mediante el diálogo. ¿Por qué cuesta tanto que arraiguen espacios políticos de estas características?

Jaime Rodríguez-Arana

@jrodriguezarana

JRA

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