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Relativismo y tolerancia

Relativismo y tolerancia

Relativismo y tolerancia, dos grandes conceptos hoy en boga, no siempre van de la mano. Así lo demostró  nada menos que  Norberto Bobbio en «El tiempo de los derechos», donde señalaba que el relativismo no constituye, en contra de lo que pudiera parecer, la base más sólida para la tolerancia.

En efecto, Bobbio distingue entre la tolerancia en sentido positivo y negativo. En sentido positivo, es firmeza de principios y se opone a la indebida exclusión de lo diferente. En sentido negativo, es indulgencia culpable, condescendencia con el error. Para Bobbio nuestras sociedades democráticas y permisivas sufren de exceso de tolerancia en sentido negativo, de tolerancia en el sentido de dejar correr, de no escandalizarse ni indignarse nunca por nada.

En fin, la tolerancia, en sentido positivo, es más firme cuando se apoya en convicciones sólidas. Y, desde luego, más volatil y manejable, cuando en su nombre vale todo, absolutamente todo, sin que se pueda llamar a las cosas por su nombre. Entonces emerge esa dictaudura de lo políticamente correcto o conveniente que con tanto éxito determinadas terminales nos presentan precisamente bajo la apariencia de la tolerancia. Claro, de tolerancia negativa. De renuncia a los principios, de primado del cálculo y de la astucia, de sistemático olvido de las personas y de su excelsa dignidad. A diario lo comprobamos y solo algunos, pocos, se atreven a decirlo. ¿Por qué será?

Jaime Rodríguez-Arana

@jrodriguezarana

JRA

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