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Realidad y política

Realidad y política

Los griegos, como se sabe, disponían de un sistema político en el que muchos, muchos ciudadanos participaban en algún momento de su vida, por supuesto temporalmente, en la gestión y administración de la cosa pública. Para la provisión de numerosos cargos en las polis se recurría al sorteo como sistema de selección. De esta forma gran parte de la ciudadanía, con el paso del tiempo, adquiría una cierta experiencia en el manejo de los asuntos públicos, encontrándose así en mejores condiciones de juzgar a los gestores y administradores de la res pública.

 Obviamente, hoy la política ha cambiado y se requieren para algunas actividades unos conocimientos y unas capacidades especiales. Quien lo puede dudar. Sin embargo, el que muchos ciudadanos asuman responsabilidades públicas en algún momento, evitando la tendencia, todavía presente,  a que siempre estén los mismos o sus afines en la rectoría de las cosas públicas, es algo bueno, muy bueno para la salud democrática y para una mejor comprensión por parte del pueblo de la actividad política.

La razón de ser de la política es la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos. Su ejercicio correcto puede coadyuvar a resolver muchos problemas de las personas en su dimensión colectiva.  Cuándo la cabeza, y la voluntad, se centran en la resolución de los problemas de la colectividad, en cómo mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, entonces, aparece la mentalidad abierta, la metodología del entendimiento y, por supuesto, la sensibilidad social.

Sin embargo, como bien sabemos, es posible, y no poco frecuente, otra forma de estar y de trabajar en política. En efecto, si se aspira a permanecer y a conservar el estatus, lo que hay que hacer, algunos son auténticos profesionales, es dedicarse exclusivamente a la conservación del poder por el procedimiento que sea. En este contexto, los problemas reales de las personas son secundarios porque lo primario y principal es tejer relaciones clientelares inquebrantables.

 La regeneración política, tan cacareada como inédita, y la recuperación de los valores democráticos, es cada vez más urgente. ¿Serán capaces los políticos, contando con la participación ciudadana, que nos han tocado en suerte en este momento de tomar conciencia de lo que pasa en el cuerpo social, y de una vez buscar un sincero acuerdo y entendimiento para que este país ocupe el lugar que por derecho propio le corresponde en el globo?. A juzgar por lo que estamos viendo tras el 10-N, una vez más los intereses personales primarán sobre los generales y España, un gran país, seguirá sin desarrollar las capacidades que tiene uno de los pueblos más importantes del mundo.  Que pena.

Jaime Rodríguez-Arana

@jrodriguezarana

JRA

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