El fenómeno musulmán se puede reducir a tópicas simplificaciones que en absoluto recogen toda la variada y plural manera de entender el mundo que se pone de manifiesto en su ya largo recorrido por este mundo. En estos días, con ocasión de los atentados de París, estamos asistiendo a un sinfín de comentarios y aproximaciones, muchos bien simpes y rebosantes de pensamiento único, que reflejan esta realidad. Sin embargo, como sabemos, y sin que se pretenda en lo más mínimo justificar la matanza,  fueron médicos o filósofos musulmanes, por ejemplo, los que dejaron durante  su presencia en España evidentes señales de progreso científico. Claro, si hacemos equivaler lo musulmán con el integrismo, con  la degradación del ser humano y con la violencia terrorista, es probable que no entendamos nada de nada de lo que pasa, sea en un sentido, sea en  otro.
 
Desde este punto de vista cobra especial relevancia la encuesta que Gallup realizó de agosto a diciembre de2005 a8.000 mujeres de Egipto, Irán, Jordania, Líbano, Marruecos, Pakistán, Arabia Saudí y Turquía. Una encuesta que, a día de hoy, tras lo acontecido días pasados en París, vuelve a estar de actualidad probablemente porque refleja una situación que seguramente aún perdura con algunos matices.  Por sorprendente que parezca, la mayoría de las consultadas, si bien reclamaban entonces  los derechos propios del ser humano,  a la vez, censuraban la decadencia moral que transmite la cultura occidental en relación con la mujer. Se trata  una consideración que podemos compartir muchos miembros de la llamada cultura occidental que vemos como se cosifica crecientemente la dignidad femenina por obra del consumismo insolidario en boga.
 
Según la encuesta de Gallup, una gran mayoría de las mujeres musulmanas en todos los países pensaban, y siguen  pensando que deben tener derecho a votar, a trabajar fuera de casa, a conducir y a tener responsabilidades en el gobierno, algo hoy vedado al sexo femenino por culpa de la superioridad masculina que domina el Islam. Las mujeres, cuándo eran y son preguntadas por los asuntos que más les preocupan, lejos de señalar las llamadas cuestiones de género, afirman que lo que más les molesta es la violencia extrema, la corrupción política y económica y, como no, la falta de unidad entre los países musulmanes. Interesantes comentarios.
 
A la pregunta sobre lo que admiran menos de Occidente, la respuesta era, y es,  unánime: la percepción de la decadencia moral, la promiscuidad y pornografía que se encierra en la llamada “imagen de Hollywood”, que se les antoja degradantes para la mujer y. que sin embargo, tanta imitación, y emulación, despierta entre nosotros. Un juicio que, si no fuera por el cinismo y la doble moral en la que vivimos, también quizás sería compartido por mucha gente en Occidente.
 
La mayoría de las mujeres musulmanas consultadas entendían y entienden que lo mejor de sus sociedades es su compromiso con los valores morales espirituales, algo que en Europa brilló con luz propia tiempo atrás y que hoy está sepultado ante el apogeo del consumismo, del materialismo y de  la sed de poder y dinero que apaga cualquier atisbo de iniciativa o experiencia que no provenga del empirismo. Frente a esta percepción, tan humana y razonable, nos encontramos con Gobiernos, ONGs e instituciones internacionales que piensan que reforzar a la mujer en el mundo musulmán pasa por amputar sus valores religiosos. Sin embargo, la encuesta  de 2005, hoy vigente con algún matiz, revela que es precisamente la religión el tema más valorado por las mujeres musulmanas. A la vez, insisto, se rechaza con fuerza la imagen de la mujer que a menudo transmite la cultura occidental audiovisual.
 
La libertad de expresión tiene límites, uno de ellos el derecho de los demás a mantener las creencias o convicciones personales que tengan a bien siempre que no sean apología de la violencia y que no atenten contra las convicciones de los demás.. El Islam, es verdad, debe renovar alguno de sus postulados y, Europa, también, debe recuperar el sentido de la libertad y de la tolerancia. ¿Se imaginan ustedes que pasaría si una revista se mofara o ridiculizara de determinadas minorías de las que hoy dominan el espacio mediático?. ¿Cuál sería la reacción del pensamiento uniforme?.
 
Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de derecho administrativo.@jrodriguezarana