El primer ministro italiano es, desde luego, el político de moda en Europa. En las elecciones del 25 M ha conseguido lo que parecía imposible. Duplicar y dejar fuera de juego a los populistas del movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo y, por si fuera poco, convencer a muchos votantes del centro derecha italiano a sumarse a su proyecto político.
Renzi señaló cuándo empezó su plan de reformas que para vencer al populismo y al radicalismo, que por momentos se instala a gran velocidad en la vieja y enferma Europa,  es menester ofrecer a los ciudadanos medidas creíbles, reformistas, tomando la iniciativa y hablando directamente al pueblo a través de una ingente tarea de pedagogía política.
No sólo está acometiendo urgentes reformas políticas en Italia a un ritmo vertiginoso, también propone agarrar el toro por los cuernos en asuntos tan delicados como la inmigración expresando su deseo de que la UE se comprometa con medidas concretas como la creación de un cuerpo de policía de fronteras y una guardia costera también de dimensión supranacional.
La agenda de reformas que ha puesto en marcha en su país es ciertamente una apuesta arriesgada que puede chocar con una clase política y una forma de hacer las cosas que seguro se resistirá a los cambios. Sin embargo, hasta el momento, consciente de que el viento sopla a su favor porque la gente está cansada de los escándalos del pasado, sabe que la ciudadanía  le ha dado un cheque en blanco para que intente lo que otros no han podido o no han querido hacer.
Antes de las elecciones europeas del 25 M decidió bajar los impuestos a quienes tuvieran retribuciones inferiores a 1.500 euros al mes y barrió el dichas comicios en su país. Tal medida se inscribe, es verdad, en un paquete más amplio y ambicioso de transformaciones que buscan adecuar el mapa territorial a la realidad, crear empleo, luchar contra la corrupción y ajustarse a la disciplina presupuestaria.
El secretario  del partido demócrata italiano, ahora al frente del gobierno por designio del presidente Napolitano, es consciente de que el espacio del centro necesita ser ocupado y, comprometido en esa tarea, ha conseguido el 25M votos a la derecha y a la izquierda. En Italia lo ven como un líder dispuesto a pilotar los cambios y como un político decidido, además, a hacerse fuerte en Europa y exportar sus recetas y reformas.
Por estos lares ahora se anuncia un enésimo giro al centro, como si tal afirmación consiguiera, por arte de magia, recuperar los muchos votos perdidos.  Se acelera la reforma fiscal para que paguen menos impuestos los que menos tienen mientras que otras cuestiones como la reforma territorial o la lucha contra la corrupción siguen estancadas.
Algunos analistas, no sin alguna razón, han acusado a Renzi de oportunista. Puede ser, el tiempo lo dirá. Sin embargo, está consiguiendo imprimir ritmo a sus reformas asumiendo la iniciativa desde que fue nombrado presidente del consiglio. En política, sobre todo en momentos de desprestigio de esta noble actividad y de cansancio del pueblo ante la incapacidad de los dirigentes de tomar medidas que mejoren las condiciones de vida de las personas, toparse con políticos que hacen pedagogía política y que se comprometen diariamente es una bocanada de aire fresco. Ya lo creo.
Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de universidad. Jra@udc.es