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El Estado estático de bienestar

El Estado estático de bienestar

El Estado de Bienestar es una de las grandes aportaciones del modelo del Estado social que se alumbró en el período de entreguerras y que tantos beneficios ha traído al articular un conjunto de políticas sociales que realmente, cuándo se hacen en colaboración con la sin instituciones sociales, ha mitigado la pobreza, la fragilidad y la vulnerabilidad de millones de personas en el mundo entero.

Este modelo de Estado, basado en la dignidad humana y en la capacidad de las políticas públicas para abrirse a las iniciativas sociales realmente valiosas para el bien común, ha ido perdiendo con el tiempo su impronta dinámica para instalarse en esa perspectiva estática y clientelar utilizada por los populismos.

Denunciar el hecho comprobado de la inviabilidad del modelo errático y estático del Estado de bienestar, reivindicar la necesidad y las reformas necesarias, se formula desde la convicción irrenunciable de que no sólo el bienestar público es posible, sino necesario, y no sólo necesario sino insuficiente en los parámetros en los que ahora se mide. Es decir, es necesario, es de justicia, que incrementemos los actuales niveles de bienestar -si se puede hablar así-, sobre todo para los sectores de población más desfavorecidos, más dependientes y más necesitados, especialmente en tiempos de pandemia. Insisto, es una demanda irrebatible que nos hace el sentido más elemental de la justicia y que hoy es un unánime clamor a la vista de cómo la crisis golpea sobre todo a los más débiles y desfavorecidos.

En este contexto, tenemos que aprender de los errores en que cayeron los Estados providentes en estos años. Los sectores más desfavorecidos, los sectores más necesitados, son los más dependientes. Las prestaciones sociales del Estado no pueden contribuir a aumentar y agravar esa dependencia, convirtiendo, de hecho, a los ciudadanos en súbditos, en este caso del Estado, por muy impersonal que sea el soberano, o que tal vez por ser más impersonal y burocrático es más opresivo. En esta afirmación está implícita otra de las características del nuevo modelo dinámico de bienestar que habrá de aflorar: la finalidad de la acción pública no es el bienestar, el bienestar es condición para la promoción de la libertad y participación de los ciudadanos, estas sí, auténticos fines de la acción público. Es decir, el bienestar aparece como medio, y como tal medio, debe ser relativizado, puesto en relación al fin.

El Estado de Bienestar es un medio para la mejora de las condiciones de vida de las personas, no para la instalación en la cúpula de quienes lo usan en su exclusivo beneficio amarrando al presupuesto el voto cautivo de millones de personas frágiles y vulnerables. Millones de personas son condenadas a vivir en la pobreza y en la miseria porque eso es lo que garantiza la supervivencia de estos populismos que permiten a ciertos personajes encaramarse en la poltrona y a vivir opíparamente de la manipulación y el control social, tal y como la historia demuestra y todos sabemos. Y no lejos de nosotros.

 

Jaime Rodríguez-Arana

@jrodriguezarana

JRA

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