La seguridad jurídica, como sabemos,  brilla por su ausencia cuando la oscuridad y la ambigüedad normativa acampan en el proceso de elaboración, aplicación e interpretación del Derecho. Este ambiente, como fácilmente puede colegirse, unido al dominio de la interpretación unidireccional, da lugar al uso alternativo del Derecho, o del Poder, que al final conduce a los mismos resultados: el desgajamiento, la desconexión de la forma de los  valores, con el consiguiente vaciamiento del Estado de Derecho. Por eso, que importante es que la ciencia de la técnica normativa esté presidida por el Estado material de Derecho, por el Estado de justicia, no por la derivada formalista tan presente en este tiempo propicio para las tiranías y el despotismo como a diario comprobamos en tantas latitudes.   

En efecto, la ciencia de la técnica normativa, como ciencia social que trata acerca de la forma de elaboración de las normas jurídicas, especialmente de la ley y de las disposiciones administrativas o normas de carácter general, tiene una profunda vinculación como uno de los principios generales del Derecho más relevantes y, sin embargo, más castigados, como es el de la seguridad jurídica.

La seguridad jurídica es principio esencial del Estado de Derecho, corolario del valor superior de la seguridad,    en la medida en que la sumisión a unas reglas jurídicas conocidas de antemano por todos los operadores jurídicos, facilita la buena fe en el tráfico jurídico y dota a las relaciones jurídicas de la fortaleza, estabilidad y certidumbre necesarias para la armonía social. Si no hay confianza en la previsibilidad del Derecho, si no hay certeza o certidumbre jurídica, si no hay previsibilidad, también predictibilidad normativa, el propio Estado de Derecho acaba perdiendo su consistencia y su solidez, tal y como lamentablemente acontece en el tiempo en que vivimos, en los que quien tiene el poder tantas veces se arroga la capacidad de cambiar caprichosa e irracionalmente las reglas. Hoy en plena pandemia, sin que haya justificaciones a tal proceder, tal fenómeno lo observamos a diario incluso en democracias que se presentaban acrisoladas y sólidas. Y no muy lejos de nosotros.

 

Jaime Rodríguez-Arana

@jrodriguezarana

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