Se cumple este año el XXV aniversario del fallecimiento de Friedrich A.Von Hayek,(1899-1992), uno de los pensadores que mejor supo entender el liberalismo y adaptarlo al mundo contemporáneo.  Aunque no siempre fue bien entendido, como suele ocurrir con las mentes geniales, siempre trató de afirmar la libertad frente a los totalitarismos y de criticar la intervención asfixiante del Estado en la vida de los ciudadanos.
Para Hayek el mercado funciona como una red de comunicaciones a través de precios en la que fluye la información sensible y racional de la vida económica en beneficio del orden social y de cada uno de sus integrantes. Hayek, como advierte la profesora De la Nuez, no sólo trata de  las claves económicas sino que va más allá planteándose cuestiones de orden epistemológico.
El mercado según Hayek es un tipo de orden que se genera espontáneamente por la acción libre de miles de personas, dice la profesora De la Nuez, que buscan su propio interés en sentido amplio y que lo hacen según unas reglas generales  y abstractas conocidas por todos los ciudadanos.
En el fondo, el concepto de mercado de Von Hayek, no es de naturaleza imperativa: no obliga ni manda a nadie, menos indica que hacer o no hacer. Es un orden en el que existen unas normas y unos principios como los de buena fe, confianza, racionalidad. Unos principios que garantizan que ese orden sea humano, razonable, equitativo y justo. Sin principios, sin reglas, no hay mercado. Hoy, lamentablemente, el mercado aspira a eludir las reglas, al igual que las diferentes formas de intervencionismo que conocemos. Hayek no recuerda que hay reglas y principios, algo, quien lo podría imaginar hace años, que hoy brilla por su ausencia.
 
Jaime Rodríguez-Arana
@jrodriguezarana