Este año de 2015 el  espacio del centro va a estar en el candelero. Entre otras razones porque han hecho acto de presencia algunas opciones radicales a uno y otro lado del espectro político. Unas, , están provocando reacciones contrarias, pero de la misma naturaleza, en la otra orilla política. Y mientras, los que siempre hablan del giro al centro pero nunca lo alcanzan, junto a los que piensan que estar en el centro es cuestión de frases más o menos simpáticas, dejan el espacio del centro huérfano.
 
Siempre se ha dicho, y parece que la realidad  lo , que las elecciones se ganan la moderación y el equilibrio, desde el centro. Cosa distinta es lo que sea este espacio político tan atractivo y si muchos de los actuales actores políticos  se acercan o no a estas latitudes políticas. Veamos.
 
Es bastante común pensar que el centro en política constituye el punto intermedio entre la izquierda y la derecha: la pura y dura equidistancia. Es decir, si ciframos el espectro de las posiciones políticas de uno o diez y situamos en el uno la extrema derecha y en el diez la extrema izquierda, o viceversa, el centro ocuparía el cinco. Esta es la aproximación más frecuente,  una aproximación  más de geografía política que de de pensamiento político. Incluso es la versión, por otra , que podemos encontrar en los diccionarios al uso.
 
Desde este punto de vista, el centro no sería más que una posición política de naturaleza táctica, una estrategia para orientarse siempre, al margen de principios y criterios concretos, al sol que más calienta, una forma de estar en política que antepone el afán de supervivencia a la solución de los problemas reales del pueblo. Ejemplos de ello están en la mente de todos, a una u otra orilla ideológica.
 
Simplificando las cosas, que es lo que se debe hacer en un breve artículo de opinión, se decir que la palabra “centro” proviene del término griego “kentron”, que al latinizarse, “zentrum”, algunos derivan la palabra aguijón, que, como es sabido, se refiere a la punta del compás sobre la que se apoya el trazado de la circunferencia. De esta manera, desde una perspectiva geométrica, el término centro nos lleva a ese punto “central” del círculo del que equidistan todos los de la circunferencia; y, en la superficie, el punto del que equidistan todos los de la superficie.
 
En efecto, aunque esta breve exposición   resultar un tanto compleja, explica adecuadamente la complejidad de la realidad, la pluralidad inherente a la vida social y política y, sobre todo, la riqueza de las diversas posiciones posibles desde las que buscar soluciones a los problemas y asuntos de naturaleza pública que preocupan al pueblo. En mi opinión, el ejemplo de la esfera es mejor que la bipolarización de un segmento que dibuja la reducción del espectro político a derecha e izquierda, si las posibilidades de ubicación ideológica sólo admitieran dos, o tres a lo sumo, opciones.
 
Quizás por ello, tomar el centro sólo y exclusivamente como equidistancia de los extremos es aceptar la bipartición de la realidad, el pensamiento bipolar y, consecuentemente, el empobrecimiento vital de las personas y del conjunto de la sociedad que, en materia política sólo podría militar en un lado, en el otro, o en el punto intermedio.
 
En fin, el esquema bipolar que representa la hegemonía de la tecnoestructura, en cualquiera de sus versiones y fórmulas, explica el intento deliberado de perpetuar este planteamiento ideológico por temor a la emergencia del dinamismo vital de personas y responsables, críticas, que piensan y actúan desde coordenadas abiertas y plurales. Algo que la burocracia dirigente prefiere ni plantearse, al menos por ahora.
 
El centro, desde este punto de vista, no representa equidistancia entre dos extremos. Tampoco es el consenso como sistema porque el diálogo es un medio, magnífico, pero  no un fin. El espacio de centro, como intento explicar  tiene propia, entidad y sustancia específica. Sin necesidad de encarnarse en un partido concreto, representa nuevas formas de pensar y actuar en política. Ahora bien, cuándo se precisa moderación, templanza, sentido del equilibrio, metodología del entendimiento, pensamiento abierto, plural y complementario, entonces es posible, casos hay y no muy lejanos, que aparezca un partido con esa denominación.
 
El espectro político, tradicionalmente definido por dos puntos y representado por un segmento, ahora, con la mirada de enfoques, se amplía y se define por tres puntos que, más que un segmento, expresan un triángulo con trasposiciones definidas y diferentes. Si seguimos con la metáfora y aceptamos que tenemos definidos los tres puntos, los fundamentos de geometría nos permiten dibujar una nueva figura: la circunferencia. En ella, a diferencia del segmento, el centro ocupa una posición de apertura a todos los puntos de la superficie, desde él se puede mirar a la izquierda, a la derecha, hacia arriba, hacia abajo sin la rigidez impuesta por el tradicional segmento bipolar. Esto explica que desde el centro no existen políticas de prejuicios, no de diseño, sino que desde la realidad pensando en la dignidad de la persona se buscan las mejores soluciones, como se dice ahora, vengan de donde vengan.
 
Hoy, en 205, en un ambiente de indignación frente a las soluciones adoptadas para salir de la crisis y ante la galopante corrupción,  las coordenadas del centro vuelven a estar de actualidad. Felipe González, un veterano de la intuición política, lo acaba de señalar: necesitamos menos radicalismo y más centrismo. ¿Será verdad?.
 
Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de derecho administrativo.