El 24-M se ha producido un vuelco del mapa político español. No solo porque los partidos tradicionales pierden apoyos sino porque emergen nuevos planteamientos, nuevas formas de hacer y estar en política que veremos si se realizan tal y como sus protagonistas han señalado durante la campaña electoral.
 
El 24-M muestra nítidamente el descontento general de la ciudadanía con la forma de estar y hacer política de los últimos tiempos en Autonomías y Entes locales. El partido ganador es, de nuevo,  la abstención y eso, en un sistema que se basa en la participación ciudadana, es muy grave, muy grave. Si a eso se une el descalabro de los partidos tradicionales y la emergencia de nuevas opciones y partidos emrgentes, entonces hemos de certificar, ya era hora, el ocaso de las viejas políticas y la bienvenida a nuevas formas de concebir y de realizar la política.
 
Pues bien, en este contexto reaparece el espacio del centro político, un espacio que ordinariamente se desnaturaliza y se usa sin saber muy bien en que consiste. Por una parte, porque la mentalidad de muchos dirigentes que presumen de centrismo sigue en las antípodas del pensamiento abierto y dinámico, pues el diálogo  se entiende ideológicamente y porque la sensibilidad social es algo postizo,  artificial, no una convicción auténtica que preside la entera acción política.
 
El espacio del centro, del que llevo hablando y escribiendo desde hace algunos años, responde a nuevos métodos, a  nuevas mentalidades y a nuevas  actitudes de hacer política propios de una época que ve superado el pensamiento cerrado y que, al mismo tiempo, trasciende la tradicional disyuntiva izquierda – derecha. El centro no se reduce a meros intentos de equidistancia o componendas: tiene la entidad propia de una tercera posición.
 
El pensamiento compatible  permite hacer realidad, por ejemplo, el mercado solidario. El pensamiento dinámico produce sinergias, por ejemplo, entre los ámbitos de lo público y lo privado. Y el pensamiento plural  se resiste, por ejemplo, al uniformismo y a la segregación. Estas nuevas formas de comprender y de acercarse a la realidad social y política constituyen un intento, cada vez más necesario, de fundar las ideas que configuran el espacio del centro, proponiendo un paso más en la vital convergencia de la teoría política con las aspiraciones de las mujeres y de los hombres de este tiempo dominado por una crisis general que afecta a todas las dimensiones de la vida humana.
 
El centro no es una operación de maquillaje político tal y como habitualmente es interpretado en la política española. Tampoco es una transformación mágica e instantánea de la realidad: no  se han comportado así  las ideas que han cambiado profundamente la sociedad. Sin embargo, el viaje del tren que lleva a las posiciones políticas de centro ha comenzado de nuevo el 24-M, aunque no lo saben bien quienes han usado sloganes y consignas centristas en esta campaña. Los mensajes, eslóganes y propuestas planteadas durante la campaña previa al 24-M tienen un inequívoco sabor centrista. El problema reside, como tantas veces ha pasado, en que con frecuencia se usa interesadamente tal cúmulo de ideas y proyectos para luego, al llegar al poder, ejercer el mando desde el pensamiento único, despreciar a los que piensan de otra manera y aplicarse al dominio y control de la vida social para la perpetuación en el poder.
 
El 24 M demuestra que es posible avanzar en la modernización de nuestra vida política, que es menester involucrarse en cambios y transformaciones en lugar de seguir pensando  que es  más cómodo mantener viejos prejuicios o atenerse exclusivamente a lo que han sido referencias de toda una vida. Es decir,  es imprescindible abrirse a la reforma de  conceptos que han caducado porque estamos en otro mundo. Un mundo, además, dominada por una grave crisis general que está propiciando una mayor presencia y participación social en los asuntos que afectan al interés general.
 
Ahora en España, sobre todo tras el 24 M, deberían abrirse nuevos espacios políticos y  practicarse nuevas políticas acordes con las ideas centrales que conformaron al viejo continente como paladín de la libertad y la solidaridad. Precisamos nuevas políticas que sitúen en su epicentro a la dignidad del ser humano, sin alardes demagógicos ni reduccionismos ideológicos. Ahora que las opciones tradicionales fracasan por su cerrazón y conversión en rígidas burocracias dominadas por quienes solo aspiran a estar en el vértice a como de lugar, es momento para reflexionar y reformar lo que sea menester de manera que la libertad solidaria de los ciudadanos sea uno de los objetivos de la acción política
 
En efecto, estos  tiempos son idóneos  para recuperar la centralidad de la dignidad humana, para comprometerse en serio con un amplio espacio de racionalidad, realidad, mentalidad abierta, metodología del entendimiento y sensibilidad social. Un espacio centrado en la dignidad la persona, un espacio que trabaja sobre la realidad con la razón y desde el pensamiento abierto, la mentodología del entendimiento y la sensibilidad social.
 
Veremos a ver si quienes estos días han proclamado a los cuatro vientos su fe en la democracia,  en la primacía de las personas sobre las estructuras,  en la apertura del interés general,  realizan  una gestión transparente y se aplican a la tarea de proteger, defender y promover los derechos de los ciudadanos, traduciendo tan nobles ideas en acciones concretas de gobierno. Los ciudadanos, que están dispuestos a seguir castigando las viejas políticas también serán muy exigentes si quienes ahora, muchos sin saberlo, no hacen más que repetir ideas y consideraciones centristas,  son capces de llevar  a la realidad su promesas y compromisos. Veremos pues si hay coherencia o si solo eran unos expertos comunicadores y consumados profesionales de la manipulación como los anteriores. El tiempo, no muy tarde, lo desvelará.
 
 
 
Jaime Rodríguez-Arana
Catedrático de Derecho Administrativo.