La campaña presidencial en los EEUU ofrece un panorama sorprendente. Dentro del partido republicano observamos una carrera entre Trump y Cruz por la encarnación de las esencias más auténticas del populismo de derecha.  Mientras, entre los demócratas, si Sanders es el que con más radicalidad defiende los postulados intervencionistas, a veces también con tintes populistas, pero de izquierda,  Clinton intenta girar hacia un espacio intermedio.
Recordemos que Clinton en su día perdió la nominación demócrata frente a Obama por haberse identificado con determinadas élites y grupos de presión bien conocidos en detrimento de planteamientos más abiertos y plurales. Ahora Clinton intenta ofrecer un rostro menos alineado con estos lobbies y una perspectiva más pragmática. Sin embargo, la realidad, si se analizan las fuentes de financiación de la campaña de Clinton es contundente. Por eso, su pretendido viraje al centro no es más que una operación de cosmética, bien alejado de los postulados que caracterizan este espacio político: pensamiento abierto, metodología del entendimiento, sensibilidad, racionalidad y, por encima de todo, defensa de la dignidad humana y de los derechos fundamentales de todos, de los que están por venir, de los que son y de los que están a punto de dejar de ser.
Por otra parte, Sanders, considerado hoy en día el único socialista que habita en  el congreso de representantes de los EEUU, pretende iniciar una revolución política dirigida a  revitalizar la democracia incorporando al proceso político a millones de jóvenes y trabajadores, hoy ausentes por diversas razones del espacio público. Para ello, está apelando a la necesidad de romper el monopolio de los lobbies en el control de la política invitando a participar a millones de ciudadanos norteamericanos, tradicionalmente al margen de una actividad que muchas personas piensan que es propia de una determinada clase o casta social que se reparte, hasta hereditariamente, los cargos y prebendas en el poder ejecutivo, en el poder legislativo y en el poder judicial.
En este marco,  Clinton se presenta más realista y pragmática, prometiendo, dice, solo aquello que es posible política y financieramente, porque el presupuesto lo pueda soportar. Sanders se aferra al sí podemos de Obama en 2008, Clinton afirma que no, no podemos o, al menos, no todo. Por eso Hillary, no es capaz de comprometerse a facilitar sanidad para todos, solo que la reforma implementada por Obama funcione mejor. Tal posición, sin embargo, ni es de centro ni siquiera es razonable en un momento de profunda crisis en el que es menester un replanteamiento completo del sistema.
Hoy, tras el fracaso del capitalismo interpretado por las principales plazas y terminales financieras del planeta, debemos, es mi opinión, construir y diseñar el orden político, económico y social desde la centralidad del ser humano, desde su dignidad y a partir de los derechos humanos. Es menester poner otro rumbo: hacia la plena realización libre y solidaria de las personas, especialmente de las más desfavorecidas y excluidas. Ni más ni menos.
 
 
Jaime Rodríguez-Arana
@jrodriguezarana