El tema de la financiación de los partidos políticos está hoy en el candelero por razones de sobra conocidas. En el mismo sentido, las condenaciones de créditos a algunas formaciones también en su día fueron motivo de comentario y análisis. Los sindicatos, además de tener la representatividad que tienen, reciben, como los partidos, fondos públicos para financiar su actividad. Ordinariamente, las cuotas de los militantes  y asociados apenas alcanzan al 15% del total de los ingresos que reciben estas instituciones de interés general. Algo que debe cambiar de forma sustancial si es que pretendemos que estas organizaciones representen intereses más allá de sus cúpulas directivas.
 
Las patronales también reciben subvenciones del estado para sus gastos de organización y funcionamiento. Sin embargo, el presidente de la patronal acaba de anunciar que para 2014 se financiará exclusivamente con cargo a las cuotas de sus socios. Tal decisión de seguro que ha estado motivada por la necesidad de ser más independientes del poder público y, sobre todo, porque en la medida en que los asociados participen con más intensidad de la confederación empresarial, las medidas, iniciativas y propuestas surgidas de su seno serán más participadas y, por ende, más legítimas.
 
Tal medida debería ser tomada en consideración por partidos y sindicatos. Efectivamente, si la militancia financia estas organizaciones, es obvio que habrá de tener un mayor peso en la toma de decisiones y en la conformación del ideario. Si la militancia apenas tiene peso en la organización porque los ingresos proceden mayoritariamente de los poderes públicos, quienes en cada caso están al frente pueden soslayar a dichas personas, utilizando la estructura para imponer incluso criterios que poco o nada tienen que ver con las ideas de quienes dicen representar.
 
La iniciativa de la patronal debe ser saludada positivamente. Seguramente se va a traducir en mayores cotas de autonomía frente a los poderes públicos, lo que es sano y saludable para un adecuado equilibrio institucional y la mejor y más profesional defensa de sus intereses. En la misma medida, si sindicatos y partidos se nutrieran exclusivamente de las cuotas de sus militantes y asociados, serían más fuertes y podrían realizar su labor en mejores condiciones. En mejores condiciones para la defensa del ideario que representan, en  mejores condiciones para escuchar más a los afiliados y militantes, en mejores condiciones para entender mejor los problemas de la sociedad. Por una razón fundamental: porque el actual aparato burocrático de estas organizaciones, convertido en  fin, no deja ver la realidad. Una realidad compleja y que reclama estar permanentemente pendiente de los intereses y aspiraciones de la población. Algo imposible cuándo la pasión y obsesión por el mando ciega completamente.
 
¿Serán capaces los líderes de partidos y sindicatos de seguir los pasos de la patronal en este punto?. Me temo que la pregunta, hoy, por hoy, tiene la contestación que usted y yo, querido lector, sabemos.
 
 
 
 
 
Jaime  Rodríguez-Arana es catedrático de derecho administrativo. jra@udc.es