El  descontento que reina en Francia en relación con las expectativas electorales de la extrema derecha y con la parálisis e inmovilismo que preside la vida de los partidos tradicionales ha animado a dos partidos del espectro del centro político a aliarse a la espera de pescar en río revuelto. En efecto, el Movimiento Democrático (Modem) capitaneado por Borloo y la Unión de Demócratas e Independientes liderada por Bayrou, han decidido aliarse con el fin de combatir el extremismo político que se avecina así como la profunda desafección política de los franceses hacia los partidos tradicionales.
Ambos dirigentes han precisado que su operación política no es una fusión de dos partidos en uno sólo sino una cooperativa de dos expresiones del centro político para dar una respuesta, como señala Borloo, a la situación de desarraigo y desesperanza que aprecian en la sociedad francesa. Es más, para el dirigente de Modem, la desafección ha llegado a tal punto que está en juego lo esencial, la misma democracia, que debe ser defendida frente a la pasividad de los partidos clásicos, que no son conscientes del malestar que genera su inmovilismo, y frente al casi imparable ascenso del partido de Le pen Frente Nacional, reciente ganador de unas elecciones en un municipio francés  semanas atrás.
La estrategia política es interesante. El sentido de la oportunidad, bien distinto del oportunismo, requiere tomar la iniciativa. Y ciertamente, el descontento general en Francia que proclaman las encuestas mes a mes, con un presidente de la República en caída libre, y una oposición que no es capaz de encontrar su camino, puede ser aprovechado por esta alianza.
El problema, el no pequeño problema, reside en que tal cooperativa se ha manifestado, antes de empezar el partido, opositora de los socialistas y aliada natural de la derecha republicana. Tal prejuicio probablemente tenga consecuencias en las expectativas de voto de esta alianza que, de ser genuinamente de centro, no debiera excluir a priori posibles acuerdos con otros partidos del arco parlamentario.
En fin, en 2014, en las elecciones europeas y locales, veremos si en el país vecino tal estrategia política da resultado o no. Desde luego, lo que pocos analistas dudan en este momento, es que seguramente estarán mejor representados que hasta ahora.
 
Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de derecho administrativo. jra@udc.es