La vida de Zygmunt Bauman, sociólogo polaco recientemente fallecido, ni fue fácil, ni sedentaria. Su condición de judío y su desengaño del comunismo le llevaron a una vida ciertamente intensa desde muchos puntos de vista. En efecto,  la vida de este intelectual polaco nacido en Poznan en 1925 estuvo marcada por la persecución y el exilio hasta 1971 en que arribó a la Leeds, en Inglaterra, donde enseñó en su Universidad por largos, prácticamente hasta su fallecimiento.
Nació en el seno de una familia judía no practicante de escasos recursos económicos. Tuvo que refugiarse con los suyos en la URSS como consecuencia de la maquinaria de  muerte promovida por los nazis en Polonia. En la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se alisto en el partido comunista. A su vuelta a Polonia fue reclutado durante la II Guerra Mundial por el ejército polaco como instructor político bajo el mando de la URSS. En 1945 recibió la Cruz Militar al Valor por su intervención en la Guerra. Entre 1945 y 1953 colaboró con los soviéticos en la represión de los nacionalistas de Ucrania. Estudió Sociología en Varsovia mientras estaba en el ejército, aunque terminó filosofía porque la sociología, según parece,  fue considera en un determinado momento por el régimen comunista como una carrera peligrosa, susceptible de generar planteamientos críticos. En 1953 fue expulsado del ejército coincidiendo con la solicitud de emigración de su padre en  la embajada israelí.
Entre 1954, año en que terminó sus estudios universitarios, y 1968,  fue profesor ayudante en la Universidad de Varsovia. Su obra más relevante de ese periodo fue Sociología de la vida cotidiana, de 1964. En estos años, bajo la batuta de Gomulka, empieza a encauzarse su espíritu crítico, motivado también a causa de la denegación de una plaza fija en la Universidad de Varsovia.
En 1968, año capital para entender la historia del mundo, los estudiantes polacos protestaron airadamente contra las políticas del partido comunista, quien interesadamente asoció las reivindicaciones a una campaña sionista. Bauman entiende que ante tales acontecimientos ha de renunciar a su nacionalidad por lo que, junto a 35.000  polacos judíos, emprende de nuevo la ruta del exilio, primero a Israel para ir a EUU y Canadá respectivamente. Recala en Leeds donde permanecerá hasta su muerte.
Bauman es conocido por su descripción de la realidad. Una realidad que denomina líquida. Una realidad en continuo cambio y transformación, que huye de las convicciones, de los compromisos, de todo lo que pueda oler a sustancial o sólido.
En este contexto, Bauman se recrea en sus libros en la descripción de la realidad. Se podría decir hasta que es el mejor difusor de esta nueva ideología. En efecto, al final el pensamiento líquido parte de un a priori: todo está en cambio, no hay nada seguro, lo sólido no existe. Así, de esta manera, aparece el relativismo, que es compañero inseparable de viaje del pensamiento líquido.
Bauman acierta en su diagnóstico y desde su constatación, invita a la crítica. Sin embargo, lo líquido domina en la cultura occidental, pero no, por ejemplo en el Islam, donde lo sólido podríamos decir es pétreo.
Bauman es un magnífico descriptor dela realidad como buen sociólogo. Sin embargo, cuando afronta la crítica de esta sociedad líquida no escapa del pesimismo que domina su relato de la realidad que le circunda. Al final, el mismo cae en lo líquido.
Jaime Rodríguez-Arana
@jrodriguezarana