Ciudadanos y política
No corren buenos tiempos para la política ni para los partidos. La política está en estos tiempos bastante desprestigiada y, por ello, los partidos son considerados mayoritariamente como las instituciones que promueven, o protegen, la corrupción. Seguramente estas opiniones están mediatizadas por los escándalos acontecidos estos años en España. Claro que hay políticos honrados, que trabajan por la ciudadanía y por los intereses generales. Pero, insisto, la percepción general hoy es bastante unánime en el sentido que todos sabemos.Read more
Corrupción, ciudadanos y partidos.
De nuevo una encuesta más refleja la opinión generalizada de los españoles acerca de la corrupción y los partidos. Ahora ya, según el último sondeo publicado, el 95% de los encuestados asume que existe corrupción en la política y que los partidos, unos más, otros menos, amparan a sus militantes mejor relacionados con las cúpulas. En realidad, tales manifestaciones debieran hacer reflexionar, y mucho, a quienes están al frente de estas instituciones sobre el sentido, la función y el ambiente que reina en las formaciones partidarias.Read more
Política y corrupción
La política es una actividad humana dirigida a que los asuntos públicos se gestionen al servicio objetivo del pueblo. Los partidos, quien podrá negarlo, tienen un papel central en lo que se refiere a trasladar a la sede de la soberanía popular las ideas y criterios presentes en la vida social. El problema, el gran problema, es que en no pocas ocasiones parece que los partidos, sus dirigentes, se han apropiado del poder que es de titularidad ciudadana, y lo manejan como si fueran sus únicos dueños. Es más, incluso en algunos casos hasta se olvidan las ideas y principios de la militancia, manejando los hilos de la formación en función de la conservación del privilegio o la prerrogativa.
En este sentido, el uso en beneficio propio del aparato del partido explica la resistencia a abrir las listas electorales, a fomentar la participación real de la militancia en la elección de la dirección o a consultar a las bases ciertas decisiones de envergadura social. Manifestaciones de lo que se denomina partitocracia y que, a la vista de lo que pasa, mucho, muchísimo tiene que ver con la percepción mayoritaria que tiene la ciudadanía de la corrupción política.
En estos años, tras la consolidación en numerosos países de Europa del denominado Estado de los partidos, hemos contemplado, a veces desde una pasividad inexplicable, como los partidos han tomado los poderes del Estado, las instituciones, muchas asociaciones profesionales y deportivas, la universidad y cuantas corporaciones fuera menester para ahormar el control social.
El origen del problema hay que buscarlo en la ausencia de temple cívico, de educación política, de capacidad crítica de una sociedad dominada por el consumismo y la esperanza en que todo vendrá de los poderes públicos. Así, poco a poco la ciudadanía se fue desentendiendo de los asuntos de interés general, que son confiados a los políticos con la ilusión de que ellos resolverán de verdad los asuntos colectivos. La realidad nos ofrece, sin embargo, un sombrío panorama en el que políticos y partidos, olvidándose de su posición de gestores de intereses ajenos, se han apropiado del poder administrándolo como si fueran sus únicos dueños, a su antojo y con el fin de mantenerse astutamente en la cúpula.
En efecto, los partidos y los políticos, cuando se apropian de lo que no es suyo, de lo que es realmente del pueblo, se consumen en cuestiones internas, en luchas intestinas por situar a los amigos en el mejor lugar, por rodearse de una corte de lacayos que hacen de esta función su trabajo profesional. Entonces, nos encontramos ante el poder como fin en estado puro y ante la corrupción porque en este ambiente el fin justifica los medios y todo es posible con tal de mantenerse en el vértice.
Las bases éticas de la democracia reclaman que las aguas vuelvan a su cauce. Que los políticos y los partidos asuman el papel que les corresponden, que renuncien a seguir asaltando las instituciones y escuchen más a los ciudadanos. Para ello, es menester que tomen conciencia de la realidad, de su posición, y sean capaces de devolver a los ciudadanos, a todos y cada uno, el poder del que se han apropiado. La tarea no es fácil porque a nadie amarga un dulce y pasar de propietarios a administradores que han de dar cuenta a los dueños y señores permanentemente de la gestión no está al alcance de todos. El 95% de la ciudadanía, según parece, quiere que las cosas cambien. ¿Será posible?
Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de derecho administrativo.
jra@udc.es
Corrupción y partidos políticos
Estos días se ha conocido una encuesta acerca de la corrupción política. El 95% de los encuestados entiende que los partidos amparan y protegen a los políticos acusados de corrupción. Es, desde luego, una opinión que refleja lo que en el fondo piensa la ciudadanía acerca del papel y funcionalidad de las formaciones partidarias en la actualidad.Read more
30.000
Estos días saltaba a los medios de comunicación una información que se agrega a tantas otras procedentes de los países que han practicado un ejercicio estático del Estado de bienestar. Resulta que en España se ha acreditado que 30.000 fallecidos eran beneficiarios de las ayudas a la dependencia. Tiempo atrás hemos conocido que miles de ciudadanos nórdicos defraudaban a la sanidad pública falsificando certificados de enfermedad o que numerosos listados de personal al servicio de la Administración pública en Grecia no coincidían con la realidad.Read more
La reforma del Estado Autonómico
Días atrás celebramos un nuevo aniversario de la Constitución con ocasión de su treinta y cuatro cumpleaños. Un período de tiempo más que suficiente para evaluar el funcionamiento, por ejemplo, del modelo autonómico Un sistema de distribución territorial del poder que desde luego merece el más positivo de los juicios. La descentralización política, cuándo se realiza con eficacia y al servicio de los ciudadanos, sólo provoca efectos positivos. Esta es la clave, que el sistema autonómico funcione al servicio de las personas, que su organización y estructuración se plantee al servicio de los ciudadanos.Read more
La corrupción, de nuevo
No hace mucho, mediados de diciembre del año pasado, la oficina catalana antifraude publicaba que según una encuesta realizada nueve de cada diez catalanes pensaban que hay mucha corrupción. Días después el CIS señalaba que la preocupación de los españoles por la corrupción se ha multiplicado por dos y que, erre que erre, los partidos políticos siguen siendo las instituciones más desprestigiadas del panorama institucional español. Ahora, un informe de la división contra la corrupción de la OCDE afirma que en España no se toma en serio la corrupción, a juzgar por los resultados obtenidos en la lucha contra los sobornos en los contratos internacionales.Read more
Los inspectores del Banco de España
La Asociación de Inspectores del banco de España ha vuelto a criticar la forma en la que se toman las decisiones en el regulador bancario español. En concreto llaman la atención sobre la incidencia de los informes de inspección, en muchas ocasiones mutilados y selectivamente filtrados. Es más, solicitan que los informes vayan firmados para que así se puedan asumir responsabilidades. Se denuncia la injerencia política en la supervisión bancaria y se acusa de mirar a para otro lado a los responsables institucionales del regulador bancario español ante las irregularidades detectadas. Constatan que aunque la inspección se orienta a la identificación de problemas y a la evaluación de la gestión bancaria, en el pasado detectaron con relativa frecuencia indicios de actuaciones delictivas.Read more
Los rescates
Los rescates financieros en el seno de los Estados para garantizar el sistema económico y financiero se han saldado, sólo hay que ver lo que acontece en Portugal y en Grecia, con unos ganadores y unos perdedores. Los perdedores, como siempre, han sido precisamente los titulares de la soberanía, los auténticos dueños del poder público. Unos perdedores a quienes ni siquiera se ha consultado si es conveniente o no usar los fondos de todos para evitar la liquidación del sistema financiero. Unos perdedores a quienes, en época de crisis, por sorprendente que parezca, se les endurece la presión fiscal, mientras órganos y organismos públicos por doquier han seguido reclutando a afines y adeptos a la causa.Read more
Desafección y corrupción
Una de las causas más profundas de la desafección política en España es la desnaturalización de la imagen del político motivada por los escándalos de corrupción que sacuden la geografía nacional. En realidad, como se sabe, sólo trasciende un pequeño porcentaje de estos casos, aquellos en los que media denuncia de alguna parte interesada, ordinariamente por no haberse llevado la parte del botín comprometida. En cualquier caso, en la actualidad, el mapa de la corrupción en España es demasiado amplio como para que la sociedad española permanezca de perfil. Las encuestas y sondeos, del CIS o de Transparencia Internacional, reflejan un hondo malestar de los ciudadanos que debería llevar a los dirigentes políticos a reflexionar porque de lo contrario la desafección política podría llevar al sistema mismo a la deslegitimación.Read more