El significado del centro político

Para intentar definir el espacio del centro, tarea nada
sencilla,  para comprender lo que
significan las políticas centristas,  el
espacio de centro, es menester comenzar por realizar algunas aclaraciones
terminológicas.


En efecto, es menester replantear la acepción de centro
político que contienen los diccionarios, como posición política intermedia
entre la derecha y la izquierda. Como es sabido, la palabra “centro” proviene
del término griego que significa 
“kentrón”, que al latinizarlo -“zentrum”- sugiere la palabra  “aguijón”, y que se refiere a la punta de
compás en la que se apoya el trazado de la circunferencia y así, en  sentido geométrico,  se refiere al  punto en el interior del círculo del que
equidistan todos los de la circunferencia; y en la esfera: punto interior del
que equidistan todos los de la superficie.


Aunque esta exposición terminológica tiene un evidente tinte gráfico,
representa correctamente, tanto la pluralidad social, como la complejidad de la
realidad y la riqueza de la diversidad de las personas. La imagen de la esfera
es mejor que la de la bipolarización de un segmento que dibuja la reducción del
espectro político a izquierdas y derechas. Por eso, tomar el centro como
equidistancia de los extremos es justamente aceptar la bipartición de la
realidad, la bipolarización del pensamiento y, consecuentemente, el
empobrecimiento vital de las personas y del conjunto de la sociedad.
Probablemente, el esquema bipolarizador que representa la hegemonía de la
tecnoestructura explique el intento deliberado de perpetuar este planteamiento
ideológico por temor a la emergencia del dinamismo vital de las personas libres
que me parece expresa la idea del centro político, tal y como la entiendo.


El centro del que llevo escribiendo desde hace años no es equidistancia
entre dos extremos. Tampoco es el consenso como sistema. Ni una simple mezcla
de ideologías. El centro tiene entidad propia y encarna un programa político
propio. Se podría decir, si se necesita una expresión plástica, que es una
tercera posición política, aunque, insisto, es una nueva posición política que,
como intentaré demostrar, no se agota ni mucho menos con la llamada tercera
vía. Es una nueva posición distinta de la izquierda y de la derecha, que
adquiere, según latitudes y momentos, diferentes expresiones de acuerdo con las
coordenadas del espacio y del tiempo.


Como es sabido, el espectro político tradicionalmente lo
definen dos puntos y lo representa un segmento, que ahora se ve ampliado y
se  definine por tres puntos que ahora representan
un triángulo, con tres posiciones diferentes y, por ello, netas y claras.


Pues bien, para definir tres puntos, los rudimentos de la
geometría nos permiten construir una nueva figura: la circunferencia. En ella
el centro ocupa una posición de apertura a todos los puntos de la superficie y
desde la que se mira arriba, abajo, a la izquierda, a la derecha, ..., sin la
rigidez impuesta por aquel tradicional segmento polarizad


Pero, precisamente por el propio contenido del centrismo,
será en las políticas concretas  -
política municipal, política autonómica, política económica, ...- donde se
apreciarán los principios  que configuran
la acción política propia de las posiciones centristas, principios que
conforman un verdadero espacio político que parte de la mentalidad abierta, la
metodología del entendimiento, eltrabajo sobre la realidad, la sensibilidad
social y, por encima de todo, la centraliad de la persona. Casi nada.


Jaime Rodríguez-Arana


@jrodriguezarana


El modelo autonómico

El vuelco que ha dado España en lo que se refiere a su articulación territorial es verdaderamente relevante. Quienes recuerden los tiempos del franquismo, en los que una uniformidad y homogeneidad cultural monolítica, pétrea, pretendidamente española, que no era otra cosa que el invento de un régimen político, serán quienes mejor puedan testimoniar el alcance, la profundidad de esta transformación operada en prácticamente cuarenta años.


Esta experiencia, que arranca del
mismo acto constituyente, ya que afecta a la misma identidad y concepción de lo
que es España, es un acierto que, salvo excepciones como las que vivimos ahora
por el crecimiento del diferencialismo y, también, por no saber explicar
convincentemente la naturaleza plural de España,  viene avalado por la multitud de beneficios
derivados de tal planteamiento.


 El Estado autonómico, en efecto, ha facilitado
y propiciado un más alto grado de participación política, habida cuenta del
mayor acercamiento y proximidad de la cosa pública al ciudadano. Y también ha
traído consigo mayores cotas de libertad también  porque ha supuesto un refrendo político para
la realidad plural española.


Esta perspectiva es la que verdaderamente interesa del proceso autonómico en cuanto plataforma para despertar las capacidades creativas de todos los españoles. Unas potencialidades, sin embargo, que en buena medida han sido ocultadas, cuando no secuestradas, por la deriva tecnoestructural, por la ensoñación complaciente, o por la obsesión diferencialista.  Y,  a pesar de los pesares, ahí están, dispuestas a asumir, desde el equilibrio y la moderación, grandes proyectos que hoy sólo se pueden gestar desde una nueva civilización que sólo se podrá construir sobre los supuestos económicos, informativos, relacionales, de la globalización, y sobre los culturales de la autoidentificación.


Ahora que comienza un nuevo año y
que estamos en condiciones de vislumbrar el futuro, ojala nuestra país camine
por la senda de la centralidad de la dignidad humana y sea consciente de que la
diversidad integradora es una de las grandes caracteristicas de nuestra
identidad.


Jaime Rodríguez-Arana


@jrodriguezarana


La reforma administrativa

La reforma administrativa consiste en buena medida en dar cumplimiento a los principios que están recogidos en nuestra Constitución, que proporcionan el marco normativo y de valores suficiente para devolver al ejercicio del poder público su sentido originario, hoy, lamentablemente, ejercido en clave de interés parcial y unilateral en tantos casos.


En efecto, los modelos políticos y
administrativos deben construirse a partir del ciudadano, de las personas
concretas, y en función de sus necesidades colectivas porque, como dispone la
Constitución Española "la Administración sirve con objetividad los
intereses generales (...) y actúa de acuerdo con el principio de eficacia y
descentralización (...), con sometimiento pleno a la Ley y al Derecho (artículo
103.1 CE). Además, la programación y ejecución del gasto público,
"responderá a los principios de eficacia y economía" (artículo 31.2
CE).


Los principios constitucionales de
organización de la Administración, por lo tanto, proporcionan el marco general
del proceso de reforma administrativa, un proyectoque debe acometerse siempre
de acuerdo con los los criterios de juridicidad, eficacia, servicio, eficiencia
y economía.


Respecto al principio de
juridicidad, es menester que la Administración actúe conforme a las normas
jurídicas. En efecto, el sometimiento de la Administración al derecho es la
primera garantía de la salvaguarda de la igualdad de trato a todos los
ciudadanos, y de sus derechos e intereses legítimos. Nada hay más injusto, y
decepcionante,  que el incumplimiento de
las normas por quienes deben garantizar su aplicación. Desgraciadamente, sin
embargo, no hay que remontarse mucho en el tiempo para recordar los fenómenos
de corrupción que han salpicado nuestra vida pública. Cuando el ejercicio del
poder se confunde con el beneficio propio, y no funcionan las garantías
precisas para controlar las actuaciones de los gobernantes y administradores,
se crea el clima propio para el desarrollo de prácticas corruptas.


Pero no basta con el control
jurídico de la Administración para asegurar el servicio a los intereses
generales de los ciudadanos. Es necesario reforzar el deber ético de cuantos
trabajan en ella con el servicio público. La Administración Pública no es una
organización cualquiera sino que está llamada a servir objetivamente a los
ciudadanos por mandato constitucional, por lo que sus trabajadores deben tener
en cuenta este aspecto en su día a día, tanto si se relacionan directamente con
ellos como si no.


En cualquier caso, una de las
claves de la actuación de la Administración pública es que cumpla realmente su
labor de servir a los intereses generales. Es decir, que cumpla eficazmente con
los objetivos propuestos y con las tareas que tiene asignadas: que se otorgue
la ayuda o la pensión prometida, o que funcione la escuela o el centro
sanitario público. Para ello deben establecerse mecanismos para hacer más ágil
el funcionamiento de los servicios públicos y más sensibles a las necesidades
de aquellos que en mayor medida demandan una actuación de los poderes públicos.
El establecimiento de programas de evaluación del rendimiento y de control de
calidad objetivos en la prestación de servicios públicos son muestra de la
sensibilidad de una acción de gobierno en cuya virtud los poderes públicos
prestan los servicios con arreglo a los parámetros que hoy exigen los
ciudadanos.


Jaime Rodríguez-Arana


@jrodriguezarana


El ciudadano, en el centro

El ciudadano es el centro del sistema administrativo en un régimen democrático, y, por ello, el poder público no debe ejercerse nunca desde la perspectiva de los privilegios o las prerrogativas, sino como un instrumento de servicio a la entera sociedad.


La gente y el poder, o el poder y la gente, son realidades que cada vez son más abiertas, y que plantean un cambio profundo en su esquema de fundamentación y de funcionamiento. Pero, para ello, es menester tener bien presente que hoy en día, esta tarea pasa por seguir en primer línea luchando por la humanización de la realidad.


El poder público, bien lo sabemos,
se justifica  en función de hacer
posibles los fines existenciales del hombre. Es más, se legitima en la medida
en que su ejercicio se orienta hacia este objetivo. El fundamento jurídico del
poder público reside en la constitución natural del orden colectivo necesario
para el cumplimiento de las funciones sociales fundamentales. Dicho orden, y
por tanto su autoridad, se funda en la naturaleza del hombre. Así se entiende
perfectamente que el poder político se encuentra subordinado al bien general de
todos los ciudadanos.


Vivimos, no obstante, una situación
en que este modelo está en crisis. La crisis de valores de la sociedad y la
crisis del llamado Estado del bienestar estático han afectado al funcionamiento
del sistema, desvirtuando algunos de sus elementos esenciales.


En realidad, esta crisis, de la que
se venía hablando hace años, sólo ha tomado verdadero cuerpo en el momento en
que los desequilibrios económicos han producido un crecimiento desmedido del
gasto público y, si me permiten la expresión, solamente cuando la sociedad ha
tomado conciencia de ellos. Por ello, podríamos decir que la crisis de este
modelo de Estado que se llamó Estado Providencia es, a la vez, una crisis
fiscal (crisis económica), y una crisis de confianza de los ciudadanos.


Primero una crisis fiscal, debida a
la imposibilidad de seguir aumentando los impuestos para sufragar el déficit
público. Todos los Estados, al margen de las ideologías, se han lanzado a poner
remedio a este importante problema de sus economías, pues nadie puede mantener
indefinidamente un ritmo de gastos superior a los ingresos.


Paralelamente, en segundo lugar,
hemos conocido una crisis de confianza en los poderes públicos y, en especial,
en la Administración pública. En efecto,  los ciudadanos perciben que las
Administraciones Públicas modernas son aparatos extremadamente caros,
ineficientes e incapaces de dar unos servicios adecuados a los ciudadanos, o
sea, ineficaces.


En este sentido, es cierto que estamos
en la mayor crisis de fe en las instituciones gubernativas de toda nuestra
historia. Porque la corrupción ha hecho acto de presencia con inusitada fuerza.
Porque la ciudadanía piensa en buena parte que autoridades públicas y privadas
no hacen más que sacar provecho de su posición. Y, sobre todo, porque la crisis
de la justicia deja al pueblo huérfano de un poder independiente que en caso de
disputa o controversia asegure a cada uno loque se merece, lo que en verdad es
suyo.


Por todo ello, es menester una
reforma de la Administración Pública para que sirva efectivamente al ciudadano,
auténtico propietario del aparato público. Se trata de hacer realidad el lema
"una Administración Pública más eficaz, que cueste menos y que piense más
en el ciudadano", que es la rúbrica que encabeza la práctica totalidad de
los procesos de reforma administrativa de vanguardia en nuestro entorno y que,
por lo que se ve, sigue estando en el candelero.


Jaime Rodríguez-Arana


@jrodríguezarana


Libertad y centro político

Colocar a las personas en el centro
de la acción política conduce a una disposición de prestar servicios reales a
los ciudadanos, de servir a sus intereses reales. En este sentido, el
entendimiento con los diversos interlocutores es posible partiendo del supuesto
de un objetivo común: libertad y participación.


La importancia de los logros
concretos, los resultados constatables -sociales, culturales, económicos...- en
la actividad pública, no derivan de la importancia del éxito del agente
político, sino de las necesidades reales de la ciudadanía que, viéndose
satisfechas, permiten alcanzar una condición de vida que posibilita el acceso a
una más plena condición humana.


Una más profunda libertad, una más
genuina participación, son el fruto de la acción política moderna que se
realiza desde el espacio del centro. Las cualidades de la persona no tienen un
carácter absoluto. El ser humano no es libre a priori. Más bien, la
libertad de los hombres no se nos presenta como una condición preestablecida,
como un postulado, sino que la libertad se conquista, se acrisola, se
perfecciona en su ejercicio, en las opciones y en las acciones que cada hombre
y cada mujer empieza y culmina.


La libertad es ante todo y sobre
todo el rasgo en el que se declara la condición humana. Las libertades formales
no son el fundamento de la democracia. El fundamento de la democracia son los
hombres y mujeres libres. La política se debe entender, pues, como un ejercicio
a favor de cada individuo, que posibilita a cada vecino, a cada vecina,  su realización libre y solidaria como persona.
Justo lo contrario de lo que se ve y se practica en este tiempo:  la política como  operación de contro social y de captura del
voto por el que procedimiento que sea, como sea. Así nos va,claro.


Jaime Rodríguez-Arana


@jrodriguezarana


Cadena perpetua

Con alguna frecuencia, con cuenta gotas, llegan noticias de
la magnitud de la corrupción que existe en un régimen tan autoritario y cerrado
como el chino. Efectivamente, en un sistema comunista, por mucha “libertad”
económica que se pretenda implantar y administrar desde la cúpula, la corrupción,
sin independencia judicial y sin controles independientes, es lógico, campa a
sus anchas. Es la consecuencia de la dictadura de una élite que gobierna desde
décadas con mano de hierro el país.


Así las cosas, que el régimen permita conocer periódicamente
algunos datos de la corrupción que se produce en el gigante asiático, debe
responder a la imperiosa necesidad de comunicar que la lucha contra la
corrupción da sus frutos. En este contexto, puede comprenderse la información
dada a conocer hace escasos días acerca de la condena a cadena perpetua por
corrupción para un ex director de inteligencia del régimen chino.


En efecto, Ma Jian, que así se llama este antiguo
funcionario que ocupó la dirección de la inteligencia china entre 1999 y 2014,
acaba de ser condenado a cadena perpetua por corrupción y comercio de
información privilegiada. En concreto, por haber recibido más de 11 millones de
dólares en sobornos en ese período de tiempo y por haber comerciado con
información privilegiada en perjuicio del Estado chino.


La información oficial recuerda, tras anunciar la condena de
este ex alto funcionario, que el actual presidente del país Xi Jinping,
implacable en la lucha contra la corrupción, ha conseguido desde que asumió el
cargo sancionar a más de 1,5 millones de funcionarios del régimen comunista.
Desde luego, un número que hace pensar que algo huele a podrido en un sistema
en que tantos funcionarios actúan deshonestamente.


Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de derecho
administrativo.


@jrodriguezarana


Inabarcabilidad y buen gobierno

Cuando se trata sobre la
sociedad del conocimiento es preciso tener presente las características de la
realidad que nos circunda. Habermas ha señalado que una de las manifestaciones
de la realidad presente es que es inabarcable, que es una realidad compleja
porque tiene muchas dimensiones, todas ellas bien relevantes. En efecto, el
pensador social, el filósofo tiene que tener la sensibilidad necesaria para
buscar puntos de equilibrio, de síntesis de todos esos aspectos que configuran
una determinada realidad. Desde el buen gobierno y la buena administración debe
asumirse esta condición compleja de la realidad porque, de lo contrario,
podrían adoptarse decisiones sin fundamento “in re”, algo que se practica con
ocasión y sin ella desde el pensamiento acrítico que hoy trata de envolver toda
cuanta actividad es objeto de su consideración.


Lógicamente,
en este contexto, nos encontramos con la idea del límite, que es una cuestión esencial
a la condición humana y a la propia realidad. Podrá gustar más,  podrá gustar menos, pero es indudable que
existen límites, y esos límites, en lugar de contemplarse como barreras, o como
dificultades u obstáculos, desde el buen gobierno, desde la buena
administración, pueden considerarse  como
condiciones de trabajo para la humanización de la realidad, de manera que la
gestión de la nueva complejidad puede hacerse, como dice Llano, a partir de un nuevo
temple humanista que nos ayudará, por ejemplo, a entender el sentido que tiene
la fragmentación social, el sentido que tiene la globalización, el sentido que
tiene la ausencia de normas sustanciales y el sentido que tiene lo que se llama
implosión o quiebra de los criterios reguladores de instituciones centrales
para el desarrollo de la sociedad, como puede ser la universidad, como puede
ser la familia. En definitiva, la existencia de límites, asegura la humanización
del gobierno y de la administración porque no todo lo que se puede hacer debe
hacerse. Más bien,   aquello, y no es poco, que subraya la
dimensión humana de la realidad. Casi nada.


Jaime
Rodríguez-Arana


@jrodriguezarana


La conquista del poder

Es común escuchar que los partidos políticos existen para la
conquista del poder. Y es verdad, quien lo puede dudar. La cuestión es que para
algunos esa tarea es un medio para la mejora de las condiciones de vida del
pueblo, y, para otros no es más que el la forma, como sea, de alcanzar por el
procedimiento que sea el poder.


El poder es el medio para hacer presente los bienes que la
gente precisa, es la expresión del compromiso con el bienestar integral de
todos, algo que en ocasiones se pierde de vista cuándo en lugar del compromiso
con el conjunto, se prefiere atender a una parte como forma de mantener el
poder cuándo no de abrir brechas y heridas entre unos y otros. El poder tiene
una clara dimensión relacional y se fundamenta en su función de crear los
presupuestos para el pleno desarrollo del ser humano. En ocasiones, sin
embargo, el poder se utiliza para impedir el desarrollo humano integral, bien
impidiendo que algunos seres humanos lleguen al ser, bien restringiendo o
amputando expresiones fundamentales de la libertad.


Hoy es conveniente, desde luego,  volver a recordar que el poder político se
justifica en función de hacer posible los fines existenciales del hombre: de
posibilitarlos, no de realizarlos porque para eso está la libertad, ni de
prejuzgarlos, porque la elección y procura de los propios fines, solo faltaría,
es libre y competencia exclusiva de cada individuo. Es más, puede afirmarse sin
temor a equivocarse que el poder público se legitima en la medida en que su
ejercicio se orienta a este objetivo.


Como capacidad de acción, el poder se alimenta de los
medios, por ejemplo, de una Administración eficaz al servicio del pueblo, de la
legitimidad, derivada de los procedimientos y contenidos democráticos, y,
consecuentemente, del pleno respeto a los derechos humanos de todos. Además, el
poder se refuerza extraordinariamente por la autoridad moral de quien lo ejerce
por su iniciativa e impulso así como por la capacidad de la organización
partidaria que lo apoya.


Cuándo el poder gira en torno al eje control-dominio, algo
frecuente en este tiempo, entonces el poder se levanta ante el ciudadano, no
como un medio su disposición, sino como una realidad sustantiva que, como un
nefasto resorte que lo oprime y lo somete. ¿De que sirven, entonces, los
servicios que el “poder” proporciona al pueblo cuándo pierde su naturaleza relacional?.
De muy poco porque son cadenas o herrajes que quiebran su libertad, y acrecientan
su independencia.


El poder, como cualquier realidad humana, puede, por tanto,
orientarse a la luz o a la sombras. Puede ser tomado, genéricamente, como arma
de opresión o instrumento de servicio. Pues bien, las políticas centristas
normalmente plantean las cuestiones en torno al poder en clave de atención a la
gente,  las políticas maniqueas, cainitas,
hoy de moda en tantas latitudes, como instrumento para la perpetuación en el
mando. Así de claro.


Jaime Rodríguez-Arana


@jrodriguezarana


Globalización y calidad de vida

La globalización, que duda cabe,
está alterando las formas de trabajo y consecuentemente las condiciones de vida
de millones de seres humanos en todo el mundo.¿ De qué manera, para mejor, para
peor?. De entrada, hay que tener un poco de cuidado con el término
flexibilidad. ¿Por qué? Porque, como ha apuntado recientemente el sociólogo
Richard Sennet en su libro “La corrosión del carácter, las consecuencias
personales del trabajo en el nuevo capitalismo”, es posible que los beneficios
de horarios flexibles y del tele-trabajo puedan enmascarar un control mayor de
los jefes sobre los empleados y la instauración, de hecho, de jornadas de
trabajo interminables.. Es decir, la oficina virtual nunca cierra, lo que abre
la posibilidad de que los jefes abusen exigiendo que los empleados trabajen
desde casa más allá de la jornada laboral.


La clave, por tanto, no está tanto
en los sistemas, en las estructuras o en las metodologías por buenas y modernas
que sean. La clave está en pensar en las personas una a una,  en saber como van a afectar a las personas
determinadas decisiones. Si van a ampliar su espectro de posibilidades o si,
por el contrario, se va a estrechar el cerco.


Las personas, como escribe Sennet, por
duro que parezca, son hoy, tantas veces, tan de usar y tirar como los vasos de
plástico de las flexibles oficinas en las que trabajan esas flexibles
corporaciones. Sin embargo, es necesario volver a insistir que la sensibilidad
hacia las personas debe ser una nota esencial de la globalización. Si no se da
en la medida necesaria, ¿será porque estamos demasiado obsesionados con el
corto plazo y no nos damos cuenta que convivimos con personas que muchas veces
esperan de nosotros aliento, comprensión y estímulo?. Tenemos, ante nuestros
ojos, una gran oportunidad que no debemos desaprovechar.


Jaime Rodríguez-Arana


@jrodriguezarana


Entendimiento y diferencias

La vida democrática, tal y como la
comprendemos, parte de la concepción del ciudadano como persona, como ser
racional libre que desde su propia condición analiza y juzga los asuntos
públicos, genera proyectos colectivos para la comunidad y establece líneas de
acción para ejecutarlos.


Desde su propia condición significa
que es la razón humana, no la razón pura, la que dictamina. La razón humana
refiere a  una razón afectada por las
circunstancias propias, de sensibilidad, de familia, de tradición, de
formación, de biografía,... Se abre así el panorama de diversidad personal
mucho más rico, abundante y lleno que la mera diversidad biológica, porque en
el “ecosistema social” no son las especies lo que interesan sino cada individuo
singularizado, cada persona, porque cada persona es un mundo.


Siendo el sujeto individual el
centro de la acción política, la diversidad de opciones está garantizada,
¿Supone el método del entendimiento la anulación o superación de las
divergencias?. En absoluto, buscar el entendimiento no es jugar con las
estrategias o desnaturalizar los objetivos.


El método del entendimiento trae
consigo, de la mano, el ocaso de una ficción y la denuncia de una abdicación.
Supone que la confrontación no es lo sustantivo del procedimiento democrático,
ese lugar le corresponde al diálogo. La confrontación es un momento del
diálogo, como el consenso, la transacción, el acuerdo, la negociación, el pacto
o la refutación. Todos son pasajes, circunstancias, de un fluido que tiene como
meta de su discurso el bien social, que es el bien de la gente, de las
personas, de los individuos de carne y hueso. Que importante es el diálogo y
que poco se practica, que poco.


Jaime Rodríguez-Arana


@jrodriguezarana


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